viernes, 30 de octubre de 2009

La inteligencia del primer mundo

A menudo escucho decir que quieren llevarnos al primer mundo, y que, para eso, se instalan semáforos inteligentes, lo cual supone que estamos en un mundo inferior, viviendo entre estructuras y edificios sin inteligencia o, lo que es peor, brutos.

Dar el salto al primer mundo, a ese mundo que nos pintan como idílico, requiere una mentalidad colectiva de primer mundo. Usar equipos y artefactos inteligentes o instalarlos en edificios y áreas públicas, igual reclama del usuario una actitud inteligente. ¿De qué nos sirven los planes del primer mundo, o, por ejemplo: semáforos inteligentes, si nuestra actitud dista mucho de ser la del primer mundo o la de una inteligencia superior? Es como darle un libro a un analfabeta, o caminar a media noche por un paraje peligroso, porque suponemos que toda persona tiene derecho a transitar libremente y a que le sea respetada su integridad física. Ni el analfabeta podrá sacar provecho de la lectura, si no le enseñan a leer, ni el ladrón dejará de robar si continúa siendo ladrón.

El cuento político de saltarnos al primer mundo, sin hacer cambiar la mentalidad de cuarto, quinto, o sexto mundo que tenemos, no pasará de utopía o fábula. Allí están los semáforos, que pronto entrarán a funcionar, para que conduzcamos de forma segura y expedita por nuestras calles y avenidas. Si esos semáforos, que dicen son inteligentes, no son respetados por los conductores que actúan como brutos, no servirán de nada.

Los semáforos actuales, aunque tarados o sin inteligencia, sabemos muy bien que, aún en su estupidez, señalan el alto con la luz roja, y que la luz verde es para el auto que transita por el otro lado de la vía. ¿Qué cosa diferente haría otro semáforo que se dice inteligente? Ninguna, en mi opinión. Lo distinto está en que el nuevo semáforo nos dará la señal verde en secuencia, según la cantidad de tráfico, y roja cuando sea el caso. Hasta aquí vamos bien, pero, y está comprobado, el bruto, que en este caso es el conductor irresponsable y no el aparato de señales de tráfico, bloqueará la vía igual que hace con el semáforo sin inteligencia, y provocará el mismo tranque que ya es cosa común entre nosotros.

Para saltar al primer mundo necesitamos actitud y educación de primer mundo, para provocar mentalidad de primer mundo. Educación cívica, instrucción escolar, ejercicio de la intelectualidad, urbanidad, valores, moral, y cultura. Sin este cambio, el salto es insuficiente para superar la barrera que nos separa de ese mundo primo.

Llenarnos podremos de tecnología, edificios y semáforos inteligentes, bienes y servicios de primer mundo, pero serán como un libro para un analfabeta, o una ocasión de robar para un ladrón. Inteligencia y mentalidad de primer mundo son prerrequisitos para dar el salto hacia allá. Y no lo haremos, mientras sea la brutalidad la que impere como principal rasgo cultural del común de los panameños.

viernes, 16 de octubre de 2009

Argentina ya no es la misma

Maradona es uno de los jugadores de fútbol más grandes de todos los tiempos, pero resulta un fiasco como director de la selección. Aún con importantes figuras del fútbol mundial, lleva al descalabro la selección de su país.

Realmente Argentina no se merece el bochorno que está pasando, porque es un equipo con muchos seguidores, y una de las esperanzas de llegar a la final de la Copa Mundial, junto con Brasil. Jugarse la clasificación con Diego Armando Maradona al frente, sólo por haber sido un gran jugador, y el mejor en su momento, no es mérito suficiente. Las eliminatorias y el campeonato mundial mismo obliga a conjugar el conocimiento y la habilidad de los jugadores, con la experiencia, el saber y la estrategia del seleccionador o técnico de las selecciones nacionales. Argentina tiene excelentes jugadores, pero no se puede decir lo mismo del actual timonel. Clasificó agónicamente de manera directa, pero está muy lejos de lo grande que ha sido y de todo lo que puede dar. Ya clasificada, la selección debe replantearse la permanencia de su actual técnico.

No traigo a menos a Maradona, pero, tampoco, me animo a ser maradoniano ni a pasar por ciego ante lo que veo. Dentro de la cancha reconozco sus méritos, aunque no lo considero el más grande; fuera de ella, es un desastre. Sólo veamos su trayectoria comparada con otros tres grandes: Pelé, Beckenbauer, y Platini. Todos grandes, Maradona entre ellos, pero los otros le superan fuera del campo, en respeto, logros, y actitud de vida personal. De los cuatro, Franz Beckenbauer fue el único que tuvo una exitosa carrera como técnico alcanzando, incluso, el campeonato mundial de fútbol con la selección de su país, precisamente, ante Argentina, en 1990. Los otros dos optaron por rechazar la dirección de sus selecciones nacionales, porque conocían sus limitaciones, y prefirieron seguir vinculados al fútbol mundial de otra manera. Aunque Platini lo intentó por poco tiempo en 1988.

Yo sé que mencionar el fracaso de Maradona como técnico es tema delicado, porque toca sentimientos profundos entre sus seguidores, pero la realidad está a la vista. Con Maradona, Argentina tropieza y no da seguridad. Lástima, porque Messi, Higuaín, Gago, Heinze, y otras grandes figuras de ese país se merecen más de lo que reciben actualmente. Los jugadores son buenos y están a la altura, su técnico no.

Maradona como jugador fue bueno, y hasta allí debemos dejarlo. No resultó como técnico en el equipo de segunda que dirigió en Argentina. No resulta bueno con la absoluta. Su ego parecer ser opuestamente proporcional a su estatura, y busca culpar a otros de sus errores e incapacidad, por lo que le resulta difícil dejar el cargo. Respondió a una crítica de Pelé diciendo que él había jugado en Europa y el otro no. Respuesta simplona, sin duda. Además de sus méritos, le fue fácil seguir jugando en Europa porque se hizo español. Antes de responder con esa tontería, al menos debe recordar que en los tiempos de Pelé poco aceptaban a los jugadores extranjeros. Sin embargo, los títulos de Pelé con su equipo brasileño son dignos de reconocer, incluidas las copas intercontinentales. Es un triunfo latinoamericano, como lo han sido los 5 campeonatos brasileños, y los dos de Uruguay y Argentina. Otra respuesta más apropiada habría sido mejor.

Sólo a modo de referencia estadística, Pelé jugó 1366 partidos en su carrera, y marcó 1282 goles, para un promedio de 0.94. Maradona, en partidos y goles, llega a la mitad de “O Rei”. En Europa, el promedio de goles de Maradona rondó 0.50, salvo en el Barcelona en 1982-1984 que fue un poco mejor: 0.65 y en Argentina de 0.69. Nunca superó el 70% como goleador. Decir más, sobra.

viernes, 9 de octubre de 2009

Conservar la auténtica Navidad

El rescate de la celebración de la auténtica Navidad es la meta que se propone la recién creada Asociación de Belenistas. Desde el empedrado salón parroquial de San José, un anciano fraile, con ánimo juvenil, impulsa con fuerza esa iniciativa.

Veinticuatro cristianos firmaron el acta de fundación, la víspera de la fiesta del creador del Nacimiento o Pesebre, san Francisco de Asís, movidos por el ferviente deseo de celebrar y promover los inmensos valores del acontecimiento ocurrido en Belén de Judá, y que revolucionó al mundo con el alumbramiento del Niño Jesús. Valores que en la actualidad son trastocados, por el afán de lucro y la secularización de la fiesta navideña, por parte de quienes sólo ven el mercantilismo, y por los que se dejan arrastrar por la corriente mundana que niega a Dios y antepone el falso bienestar de la humanidad, basándolo exclusivamente en el beneficio material.

La degradación de los valores de la Navidad empieza por la suplantación de los signos cristianos. Figuras creadas por la imaginación como Santa Claus, los duendes, renos voladores, enanos, muñecos de nieve, y otras, se propagan, a fuerza de publicidad, como símbolos válidos, empujando a olvidarse de lo esencial: el pesebre, los pastores, los magos sobre sus camellos, el ángel, María y José, y el protagonista central: Jesús niño.

Para rescatar el verdadero sentido de la Navidad, nos corresponde a los cristianos hacer dos cosas importantes: aprender la realidad del Misterio de Belén, y enseñarla a las personas que nos rodean. Si alguno desea contibuir, sinceramente, con este esfuerzo, puede comenzar por eliminar todo símbolo espúreo o falso de la decoración navideña de su hogar, y resaltar los auténticamente cristianos. Es un buen comienzo. De igual manera, en las tarjetas de felicitación que envíe y reciba, debe proponerse que el mensaje y los signos sean los correctos. Nada de “Felices Fiestas”, cuando debe decir “Feliz Navidad”. Si la tarjeta que le ofrecen no lo dice así, busque otra, y si la que recibe no lo expresa de esa manera, llame a quien se la envió y pídale, que para la próxima ocasión, le dé la que corresponde, explicándole con amabilidad el porqué le pide esto.

Desde hace algunos años se impulsa la descristianización de la Navidad, quitando de las felicitaciones la palabra “Navidad”, reemplazándola por fiestas. Cosa absurda. ¿Se atreverían a cambiar el Ramadán por otra palabra, o el Pesaj judío por otro vocablo? ¿Por qué quieren hacerlo con la Navidad? ¿Acaso el sentido de la Navidad no es recordar el nacimiento de Cristo?

Con la Asociación de Belenistas esperamos revertir tales aberraciones y distorsiones hacia la Natividad, la fiesta del nacimiento del Hijo de Dios, Cristo Jesús, a través de la exaltación del Misterio de Belén, manifestado en el humilde pesebre que sirvió de cobijo al Salvador del Mundo y a la Familia de Nazaret.

jueves, 1 de octubre de 2009

El homenaje público a Guillermo Endara Galimany

Guillermo Endara Galimany convocó al pueblo panameño en su despedida de este mundo. Como ex presidente y hombre público le fue reconocida, de esa manera, su fama de hombre honesto, humilde y sencillo, también, su acendrado sentido democrático y su civilismo.

Creo que la sociedad panameña, desde los políticos y los civiles, pasando por el pueblo sencillo, coinciden en la personalidad del presidente que asumió el gobierno después de la invasión, en un ambiente de destrucción y ruina, que poco resultado exitoso auguraba entonces. Sin embargo, Guillermo Endara, junto a su equipo de gobierno, supo recoger el entusiasmo y el deseo de reconstrucción y reconciliación de gran parte de la población.

Dos experiencias personales me quedan de él: la primera, cuando una de mis sobrinas, aún muy pequeña, se le acerca al final de una misa en el templo de Santa Ana, y le dice: “señor Endara, yo quiero que se acabe la guerra”. Él respondió abrazándola y diciéndole: “pronto se va a acabar”. La segunda experiencia fue después de un par de polémicas públicas conmigo, en el ejercicio él de la presidencia, y yo como periodista. Acudí a la Presidencia de la República acompañando a Bárbara Bloise, a la sazón presidenta del Colegio Nacional de Periodistas (yo era su vicepresidente), para un asunto que tenía que ver con la legislación de prensa. Al saludarlo, me recibió cordialmente, en un pequeño despacho que él utilizaba para trabajar en el Palacio de las Garzas. Allí aproveché para aclarar lo de la polémica, en una conversación a solas, y para hablar sobre la inversión que debíamos hacer en el tema de la democracia. Fueron apenas 5 minutos, pero muy francos y provechosos de parte y parte.

Si algo merece Endara es un monumento que lo recuerde, a la manera de los prohombres de la patria. Una estatua sería lo apropiado, como se hace para recordar la grandeza de los que le han servido a la patria. Nada pretencioso, sino una figura o busto que haga memoria de su obra y su sencillez.

La nación y la patria, y esto lo entendía muy bien Guillermo Endara Galimany, es toda la memoria histórica. Merecido tiene un monumento o el nombre de una avenida, pero creo que no hubiera estado de acuerdo en borrar el nombre de otro personaje nacional, para que pusieran el suyo. La familia pude decirlo con más autoridad que el resto.

Algunos piden su nombre para la llamada cinta costera, que usurpa el del Bulevar Balboa, a pesar de que en 4 años se cumplirá el 500 aniversario del descubrimiento del Mar del Sur, acontecimiento no sólo de Panamá, sino del mundo entero, o para la Avenida Nicanor de Obarrio (Calle 50). Endara, hombre humilde por antonomasia, e intelectual por añadidura, seguro se habría negado a ello. Sin embargo, la idea puede usarse para otro sitio. Propongo, desde aquí, el tramo vial que va del cruce de la Vía Israel, que hace esquina con la Escuela Profesional, y se adentra en Punta Pacífica. Esa avenida, que yo conozca, no tiene un nombre relevante, y cobraría prestigio si llevara el nombre de Guillermo Endara Galimany.

El funeral del ex presidente Endara nos unió en el reconocimiento de sus virtudes; igual debe unirnos en el memorial público que hagamos de él, para que esa unidad no nos fraccione ni nos impulse a eliminar de la vista de propios y extraños, sitios públicos o calles dedicadas a otros personajes de nuestra historia patria.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Rememorando Oktoberfest 1989

Transcurría el mes de octubre de 1989 cuando la Unión Católica Internacional de la Prensa (UCIP) reunió a centenares de jóvenes periodistas católicos en Ruhpolding, Alemania, pequeño pueblo de Baviera, mientras miles de alemanes orientales burlaban el cerco del Muro de Berlín. Era Oktoberfest, y se multiplicaban los hombres vestidos con sus Leverhosen y las mujeres con sus Dimdl.

Fue la primera convención de la Red de Jóvenes Periodistas, que se convocó dos años antes, en 1987. A través de anuncios en los boletines y periódicos católicos, los periodistas jóvenes de la época nos comunicamos por correo ordinario. No teníamos Internet ni e-mail, mucho menos blackberry. Apenas podíamos comunicarnos por el telefax, y para muchos países del tercer mundo africano o asiático, y algunos latinoamericanos, la única posibilidad era enviar una carta por correo postal. Aún así, casi 400 jóvenes periodistas católicos acudimos a la cita en Ruhpolding.

Recuerdo que fui de los primeros en llegar, porque el vuelo desde mi país, Panamá, me obligaba a llegar un día antes de lo previsto. En aquellos días vivíamos una crisis política muy grave, que tendría su punto culminante dos meses después, con la Invasión de los Estados Unidos a Panamá el 20 de diciembre de ese año. Al primero que encontré fue un uruguayo, cuyo nombre ya no recuerdo, en el aeropuerto de Munich. Tuve que esperar varias horas, para que pudieran recogerme junto con él y llevarnos a Ruhpolding. Mientras vagaba por el aeropuerto me llamó la atención un Mercedes Benz 500 convertible, que estaba en exhibición. Pregunté a unos trabajadores por el precio, y me respondieron: noventa mil dólares, yo contesté: ¿sólo eso? Y los hombres me dicen: Si lo puede pagar… En realidad pensé en voz alta, porque en mi país se anunciaba en USD125,000 y me llamó la atención la diferencia en el precio.

Cuando llegué a Ruhpolding, esa noche, me encontré con Joseph Chittilapilly, con quién había cruzado varias cartas. Fue un encuentro muy alegre. Al día siguiente empezaron a llegar los demás jóvenes. Gente de Uganda, Ghana, Centroáfrica, Zimbabwe, Mauritania, Madagascar, Japón, Pakistán, India, Filipinas, China, Polonia, Argentina, México, Estados Unidos, y otros países. Veníamos de más de 60 países a la cita de Ruhpolding. Ese encuentro marcaría la renovación de la UCIP.

Junto a otros 24 jóvenes, yo era de los que había ganado el premio por país. Una manera en que la UCIP reconocía el esfuerzo del periodismo católico joven, y nos facilitaba la participación en la Convención de la Red y el Congreso Mundial. La experiencia fue inolvidable, porque al finalizar el encuentro, los premiados recorrimos Alemania. Visitamos Munich, Bonn, Colonia y Berlín. La visita al santuario mariano de Altoting fue majestuosa. Medio millar de periodistas en procesión alrededor del santuario, con velas en las manos. Lo recuerdo como si fuera hoy. Ese mismo año de 1989 las peregrinaciones a Altoting cumplían 500 años de celebración.

Cuando visitamos el este de Berlín, bajo el dominio de la República Democrática Alemana, no pudimos contener nuestro asombro ante un ambiente tan tenso. Recuerdo que al pasar por el control de migración, uno de los nuestros fue llevado a un cuarto de interrogatorio. Era un joven de la India, Ignatius Gonsalves. Un rato después fue liberado. Cuando regresamos al lado oeste, nos fuimos al muro. Allí, en las riberas del río, reposaban las cruces y las flores en memoria de los que habían sido asesinados por los guardias al intentar cruzarlo. Veíamos sus torres de vigilancia, las alambradas, los perros y las patrullas. Ocho días después de nuestra despedida, caería el Muro de Berlín.

Recuerdo algunos nombres de los participantes: Marco Antonio Piva y Cleide Silva, de Brasil; María Chao y Mery Cheng, de China; Eduardo Baldeón Larrea, Ecuador; Alfredo Fernández, Argentina; Giselle Lefebvre, Estados Unidos; Leticia Soberón, España; Emmanuel Neno, Pakistán; Mutsuo Fukuyama, Japón; Elson Faxina, Brasil; Ashley D’Mello, India; Alejandro Bermúdez, Perú; Honoré Dembélé, Burkina Faso; Noel Castagnette, Islas Mauricio; Andrés Cañizales, Venezuela; Margaret Jephson, Australia; Jean Ignace Manengou, República Centroafricana; y Norma Jean Buencamino, Filipinas. También recuerdo, con mucho cariño, a Bruno Holtz, entonces secretario general de la UCIP; a Jean Marie Bruneau, presidente de la Unión; y a Gunter Mees. A todos ellos, y a otros cuyos nombres no recuerdo, pero sí sus rostros, como si fuera hoy, los llevó en mi memoria y en mi corazón.

Tampoco olvido el almuerzo en la cima de una montaña, a la que accedimos por el teleférico. Allá arriba, luego de la comida en el restaurante del lugar, hicimos una guerra de bolas de nieve. El pico nevado y nuboso contrastaba con el verde y soleado valle abajo. En otro sitio nos ofrecieron la comida típica bávara, entre los platos: alce asado. También participe en la competencia de aserrar troncos. Nunca lo había hecho, pero fui felicitado por los corpulentos alemanes que me animaron a participar. La visita a Salzburgo, igualmente, fue interesante. El personaje que hace de Arzobispo, paseándose por la calle, y la carrera por las largas escalinatas para llegar al castillo donde cenamos. Otros subieron en monorriel, lo que preferiría hacer hoy día si volviera a ir.

De todas las convenciones y los congresos de la UCIP, en los que he participado, Ruhpolding es algo especial. No sólo porque lo viví con la fuerza de la juventud, sino porque es único en la historia de la UCIP. Allí nació la Red de Periodistas Jóvenes, se realizó la Primera Convención, y reunió a tantos periodistas jóvenes de Europa, América, África, Asia, y Oceanía. Fue la caída del Muro y todo lo que significaba. Fuimos de los últimos extranjeros en pasar a Berlín Oriental. Tomamos las últimas fotografías del muro y sus guardias, de la Puerta de Brandeburgo tapiada, y, también, de los que visitamos Bonn como capital federal antes de que le devolviera este título a Berlín.

Hoy puedo decir alegre y orgulloso: ¡Yo estuve en la Primera Convención de la Red de Jóvenes Periodistas! ¡Yo estuve en Ruhpolding 1989!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Antigua embajada americana

Con este nombre se conoce un edificio en la Avenida Balboa, que albergó la sede diplomática de los Estados Unidos de América, hasta hace poco. So pretexto de ubicar a alguna dependencia estatal, se pretende echarlo abajo y levantar un mamotreto que, supuestamente, será un edificio emblemático en el lugar.

Yo me pregunto: ¿puede construirse un edificio en el mismo lugar, que sea más emblemático que la antigua embajada de los Estados Unidos? La historia que encierra la construcción, tanto en la lucha panameña por el reconocimiento pleno de su soberanía, como por los hechos ocurridos en su interior, con alcance allende nuestras fronteras, lo colocan en un sitial envidiable para ser conservado.

Si no quiere considerarse el valor histórico del edificio, aunque, oficialmente, no haya sido declarado como tal, al menos debe tomarse en cuenta que, junto a la fachada del Hospital Santo Tomás, la casa de la embajada del Reino Unido, y la representación diplomática de Libia, son las únicas cuatro muestras de la arquitectura que una vez caracterizó a la Avenida Balboa. Todas las demás construcciones emblemáticas han sido demolidas, para darle paso a las torres de concreto y de cristal, que poca gracia arquitectónica tienen, y, como todas son parientes, muestran los rasgos genéticos de cuadratura y piquitos rojos que las distinguen.

Variadas son las voces que se alzan a favor de conservar el edificio de la antigua embajada estadounidense, pero al parecer los oídos locos están sordos. Al final, por lo que veo, impondrán su locura, pero no se librarán de la responsabilidad histórica, por asesinar de manera insensata una muestra del patrimonio arquitectónico de La Exposición y Bella Vista, tan vilipendiado en los últimos años, a causa de la ambición desmedida e irracional de quienes, en deleznable demostración de opulencia y poder, imponen su voluntad sobre el querer común.

Otro sitio emblemático que podría desaparecer, o resultar gravemente intervenido, tal como lo hemos conocido hasta ahora, es el Terraplén del Casco Antiguo. Supuestamente, la cinta costera será extendida pasándole por el frente y quitándole el mar. También se llevarán por los cachos al Muelle Fiscal, porque quieren moverlo a otro lugar dentro del área. Como aún no nos muestran una concepción o levantamiento de la obra, concluimos que arrasarán con todo, para rellenar y decorar de manera similar a la cinta costera. Otro asesinato, en que los victimarios se hacen los locos, e invocando su locura, no aceptan ser responsables del crimen aberrante que cometen contra nuestra ciudad.

Si algo de panameño les queda, corrijan el rumbo. Las entidades que quieren ubicar en el nuevo mamotreto “emblemático” de la Avenida Balboa, bien pueden mandarlas a otra parte cercana. Allí tienen, por ejemplo, los terrenos de las Rentas. La conexión con la cinta costera debe respetar el conjunto arquitectónico monumental del Casco Antiguo, en el Terraplén. Se puede construir un nuevo Muelle Fiscal, pero debe conservarse la estructura del actual, para convertirlo en un espacio público y turístico, donde se instalen los artesanos y algunos cafés o restaurantes pequeños. Ojalá, en esto, prime la cordura del sentido nacional sobre la locura del poder.

viernes, 7 de agosto de 2009

CONVERSACION ENTRE GENERACIONES

Un famoso cantante popular en los tiempos de mi padre, interpretaba una canción titulada “Conversación en tiempo de bolero”. Lo que más me llamaba la atención de la letra de la melodía era una parte que decía, “porque contigo no se puede hablar”. El intérprete se quejaba de no poder dialogar con su mujer debido a una evidente falta de entendimiento.
Igual ocurre con las distintas generaciones de la familia, cuando no se practica el diálogo. Son innumerables las veces que he tenido la oportunidad de observar discusiones familiares, o ser protagonista de ellas. Por lo general, las discusiones comienzan con el consabido “ en mi tiempo era mejor", o "no era así”, o “esta juventud está perdida”, y cosas por el estilo.
Veamos, en tono de cuento, como sería una discusión entre un joven de 14 años, su padre de 40 y su abuelo que ronda los 65. Los tres están sentados frente al televisor viendo el partido de fútbol, mientras el joven, eufórico y fanático, alardea sobre las habilidades de Messi. Su padre, ni corto ni perezoso, recuerda a Maradona, como el más grande entre los grandes. El abuelo, que todavía tiene el temple de quién toda la vida ha trabajado duro, saca a relucir, del empolvado baúl de los recuerdos, al rey Pelé. De esta forma comienza la discusión, que , después del segundo tiempo, acabará criticando la música y la manera de vestir del mozuelo.
Hijo mío, le recrimina el Padre. En mi tiempo no vestíamos esos trapos que ustedes se ponen hoy. Tampoco escuchábamos esa música estridente ni llegábamos tan tarde a casa. Ustedes son una generación pérdida. En eso, interrumpe el abuelo y dice:
Esos nombrecitos de sus conjuntos, con esas muchachitas semivestidas y esos tipos mamarrachos, no están en nada. En mi época, el Gran Combo o la Fania hubieran acabado con cualquiera de esos. El padre regresa a escena y añade, hasta en el baile están despistados. La pareja por un lado, y ustedes por el otro. La discusión avanza, hasta el punto en que la autoridad de los mayores se impone. Aquí no hay penales ni tiempo suplementario. Los padres son los padres, y punto.
El jovenzuelo se retira con el rabo entre las piernas. La venganza, como una represalia a su bisoña erudición futbolistica, se ha consumado. En su mente afloran los argumentos, que celosamente guarda en secreto. Qué puede criticar el abuelo cuando, según las anécdotas familiares, bailó bomba, twist y go-go y sé colaba en los quinceaños. Y papá…bien que movió su cuerpo al ritmo de la lambada y aún hasta suspira por mamá cuando escucha una canción de Menudo o Air Supply . Y del vestido, ni hablar. Nada tiene de diferente las faldas de medio paso que vio mi abuelo, con los pantaloncitos del tiempo de papá y las minis de mis amigas.
Realmente, sólo cambia la forma. Las películas de vaqueros se trocaron en las de guerra, después Rambo, y ahora tienen su expresión en Matrix. Los tragos y los cigarrillos son de la misma marca. Lo único que cambia son el escenario y los actores.