Las noticias sobre recortes presupuestarios a las entidades del estado no son muy halagüeñas. Mientras el gobierno anuncia portentosas obras mega millonarias, las escuelas y universidades reciben drásticos recortes en sus presupuestos.
Es inconcebible que un gobernante que fundamentó su campaña condenando el gasto millonario del gobierno anterior y juró y perjuró que invertiría en salud y educación, como prioridad, ahora recorte sin asco el presupuesto de las escuelas y las universidades públicas. Sabemos que los políticos de nuestro patio prometen más de lo que cumplen, pero nunca antes había visto tal danza de millones en concreto, hierro y vidrio, en detrimento de la educación.
Sin empacho se recorta entre 30 y 50 por ciento del presupuesto educativo, Ministerio de Educación y universidades, mientras se insiste en una torre de vidrio, con forma de tuza, de más de 200 millones de dólares y en la compra de los corredores Norte y Sur, por más de mil millones de dólares. Una torre de 70 pisos innecesaria, en un tramo de la Avenida Balboa, que debe preservarse como muestra de su conjunto arquitectónico original, después de la devastación que se hizo a hierro y concreto, y un par de autopistas en estado cuestionable, por las que ya el país ha pagado cientos de millones en dinero, en tierras y en concesiones de relleno del lecho marino que han causado un grave daño a sistema ecológico costero.
Pareciera que más importante es el negocio oficial de bienes raíces, que la educación de más de medio millón de estudiantes que asisten a las escuelas y las universidades estatales. Mientras en la tuza de vidrio multimillonaria los funcionarios y los privilegiados que ocupen sus oficinas, verán el azul del mar todos los días, en un ambiente acondicionado, los alumnos de los centros de estudios básico, medio y superior, tendrán que soportar el calor, las goteras, los sanitarios dañados y los tableros viejos. Aquí, en este ambiente, la única educación liberadora será la habilidad de lanzarse a diputado o pelechar del estado como político profesional o funcionario baila la vara que está un ratito con el gobierno y otro con la oposición, saltando de partido en partido.
Si este recorte drástico se produce ahora que hay millones, cómo será cuando tengamos que pagar la deuda que nos dejará la Tuza Financiera, los corredores Norte y Sur, el nuevo Complejo del Seguro Social, la carretera costanera del Atlántico, el metro y quién sabe otra cosa que se les ocurra en el camino de locura que llevan.
Blog dedicado a comentar y analizar temas de actualidad social, espiritualidad y humanidad.
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miércoles, 15 de septiembre de 2010
martes, 27 de abril de 2010
Millones que vienen y van
Las informaciones gubernamentales de las últimas semanas dan cuenta de planes millonarios para la realización de proyectos y obras en los años próximos. La pregunta que me hago es: ¿Tendremos tanto dinero?
Aeropuertos, barrios renovados, carreteras, puentes sobre el Canal, metro, autobuses, ciudad gubernamental, torres de hasta 70 pisos para oficinas estatales, se cuentan entre lo anunciado. Todas, de realizarse, serían de beneficio para el país, por lo que mi aprehensión no está en su utilidad o falta de necesidad, sino en lo costosas que resultan para realizarse durante los 4 años que le quedan al actual gobierno.
El presupuesto de inversión del estado ronda los dos mil millones, en los últimos años. De mantenerse esa cifra, estaríamos hablando de unos ocho mil millones en los 4 años venideros. Si sólo se realizaran las espectaculares obras anunciadas, quizá alcanzaría la plata; pero si ese cálculo presupuestario se comparte con otras obligaciones que tiene el estado en salud, educación, obras públicas, y otros, probablemente nos lleve a un endeudamiento mayor, o al aumento de la carga tributaria.
Panamá es un país con gran cantidad de recursos, entre ellos el dinero, que lo coloca como uno de los más ricos de la región centroamericana. Probablemente, es también el que tiene el mayor presupuesto gubernamental del área. Si sabemos manejar racionalmente nuestros recursos, podríamos revertir, en corto plazo, los índices de pobreza que mostramos. Fijar prioridades en cuanto a las inversiones; programar obras consensuadas con los diferentes sectores, para que sean realizadas más allá de un periodo presidencial; y acordar con la sociedad política y la sociedad civil un plan de desarrollo nacional que sea respetado por las distintas administraciones gubernamentales, sería de gran provecho para la nación.
Oír de tantos millones que vienen y van atemoriza, porque no sabemos, a ciencia cierta, cuánta plata hay en las arcas nacionales, o si nuestra deuda aumentará tanto que sobrevendrán años de austeridad y crisis económica, provocadas por la danza incontrolada de millones que se gastarían en obras y proyectos portentosos.
Quienes crecimos bajo la dictadura militar recordamos, muy bien, los constantes anuncios de millonarios proyectos: unos realizados, otros no. Sabemos lo que nos costo en endeudamiento. Ya no existe dictadura, pero vuelve el anuncio de la gastadera de millones y millones. ¿Cuál es el mensaje real que quieren darnos? Estemos alerta, porque hablar de tantos millones nos mareará, y mareados estaremos indefensos.
Aeropuertos, barrios renovados, carreteras, puentes sobre el Canal, metro, autobuses, ciudad gubernamental, torres de hasta 70 pisos para oficinas estatales, se cuentan entre lo anunciado. Todas, de realizarse, serían de beneficio para el país, por lo que mi aprehensión no está en su utilidad o falta de necesidad, sino en lo costosas que resultan para realizarse durante los 4 años que le quedan al actual gobierno.
El presupuesto de inversión del estado ronda los dos mil millones, en los últimos años. De mantenerse esa cifra, estaríamos hablando de unos ocho mil millones en los 4 años venideros. Si sólo se realizaran las espectaculares obras anunciadas, quizá alcanzaría la plata; pero si ese cálculo presupuestario se comparte con otras obligaciones que tiene el estado en salud, educación, obras públicas, y otros, probablemente nos lleve a un endeudamiento mayor, o al aumento de la carga tributaria.
Panamá es un país con gran cantidad de recursos, entre ellos el dinero, que lo coloca como uno de los más ricos de la región centroamericana. Probablemente, es también el que tiene el mayor presupuesto gubernamental del área. Si sabemos manejar racionalmente nuestros recursos, podríamos revertir, en corto plazo, los índices de pobreza que mostramos. Fijar prioridades en cuanto a las inversiones; programar obras consensuadas con los diferentes sectores, para que sean realizadas más allá de un periodo presidencial; y acordar con la sociedad política y la sociedad civil un plan de desarrollo nacional que sea respetado por las distintas administraciones gubernamentales, sería de gran provecho para la nación.
Oír de tantos millones que vienen y van atemoriza, porque no sabemos, a ciencia cierta, cuánta plata hay en las arcas nacionales, o si nuestra deuda aumentará tanto que sobrevendrán años de austeridad y crisis económica, provocadas por la danza incontrolada de millones que se gastarían en obras y proyectos portentosos.
Quienes crecimos bajo la dictadura militar recordamos, muy bien, los constantes anuncios de millonarios proyectos: unos realizados, otros no. Sabemos lo que nos costo en endeudamiento. Ya no existe dictadura, pero vuelve el anuncio de la gastadera de millones y millones. ¿Cuál es el mensaje real que quieren darnos? Estemos alerta, porque hablar de tantos millones nos mareará, y mareados estaremos indefensos.
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